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Pulido

Con el pulido se consigue, mediante la abrasión de la superficie del material, un acabado liso, suave y brillante, quedando el poro de la piedra prácticamente cerrado. Para ello se requiere que el material tenga un alto grado de cristalinidad, algo muy típico en muchos mármoles. El pulido dota a la piedra de mayor resistencia a la misma ante el ataque de agentes externos (climatología, impactos, absorción de líquidos…).

Apomazado

Se obtiene mediante la abrasión mecánica de la superficie utilizando tacos abrasivos, quedando ésta lisa y suave pero sin llegar a sacar brillo como ocurre con el pulido. Es el acabado más típico para las calizas y areniscas.

Envejecido

Mediante un proceso mecánico de fricción, a través de múltiples cepillos, se dota a la piedra de un aspecto envejecido quedando su superficie rugosa pero suave y sin brillo.

Abujardado

El abujardado se obtiene golpeando con una bujarda (martillo con una rejilla de dientes en la zona de impacto) la piedra. Hoy en día se hace automáticamente gracias al aire comprimido y los carros automáticos con múltiples cabezales. En función del tamaño de los dientes, y la fuerza y cantidad de impactos se obtiene una superficie más o menos rugosa. Este acabado rústico dota a la superficie de mayor agarre siendo recomendable para piscinas, exteriores, parques, escaleras…

Arenado

Utilizando el aire a presión, en el arenado de piedra,  se “dispara” sobre ella multitud de granos de arena provocando la erosión del material y otorgándole un acabado rústico mucho más leve que el abujardado.

Dependiendo del tipo de material, la presión del aire y el tipo de arena; el arenado será más pronunciado o menos.

Flameado

El flameado de la piedra natural consiste en aplicar mediante mecheros de oxiacetileno una llama de más de 2500ºC sobre la superficie de la piedra, este choque térmico provoca el desprendimiento de pequeñas lajas y esquirlas dándole un toque rústico a la superficie. Además, por el tipo de llama y el material, no hay “quemadura” en la piedra y la superficie resultante, curtida al fuego, queda con una protección extra contra los agentes atmosféricos.

Tan solo los materiales más duros y sanos pueden ser flameados ya que muchos otros se rompen al aplicarles tan alta temperatura.